relato sudamericano

estaba inquieta, por eso te llamé

disculpa

debías estar dormido

y yo con las tonterías de siempre

la ansiedad de medianoche

ocurre como una pesadez del cuerpo,

de manera tan natural que pasan días antes de que la notes

la puedas identificar

las piernas pesan

la cabeza es un globo relleno de agua

helada

todo lo que me trajo hasta aquí

todo lo que pienso de ti

lo que piensan de mí los demás

todo eso que arma nuestra memoria y nuestra mentira

pero no te llamé por eso

es que no podía dormir

sucede a veces

que necesitas a alguien

pero no a cualquiera, a un cierto alguien

que pueda estar

y que hable de su familia, de sus miedos de niño

de cómo iba con su hermana a buscar al padre a la fábrica

y había poca comida en la mesa

pero los niños no sabían que eran pobres, aún

no sé, algo así

un relato obrero es bueno para dormir

un relato que supere el rencor de clase

un relato sudamericano

triste pero no lamentable

casi trágico, salvado por el humor, el axé, la buena energía de la tierra

humillada

¿no es así que los relatos componen a un país?

y qué decir de éste que sabe tanto

de cómo quedarse quieto en la siembra, en la negociación comercial

en los negocios simples

en los intercambios de cariño

me quedo en la penumbra de la sala imaginando que hablo contigo

tanto que decir

ni cómo comenzar

mi bestialidad se suaviza cuando te pienso

debe ser tu pasado difícil, la mano dura que pasas por el cabello,

tus besos idiotas que apenas rozan la boca,

algo que sólo te pertenece a ti

y que es mío por poco tiempo cuando te veo

 

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