diez

estás ahí detenido

en la cocina, mientras  la luz de la mañana

amarillenta

me hace recordar esas iglesias italianas, con luces manejadas por un escenógrafo caprichoso

un polvo invsible se coloca sobre tu cabeza

una corona humilde

estás a punto de hacer café o té

no quiero tocarte

no quiero

yo, verás, en el amor,

soy como una madre nueva:

amo tanto que asfixio lo que apenas nace

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