oda a los mosquitos

ellos heredarán la tierra

cuando el hombre entró al hotel del inicio del mundo

ellos ya habían hecho el check-in, habían tomado siesta

y estaban más despiertos que nunca

nos llevan ventaja

es obvio

saben atacar

a veces mueren bajo la mano certera

pero sucede muy poco

seamos realistas

mueren dos por cada cien millones que pululan las ciénagas

las lagunas

los matorrales

los trópicos

dentro de poco serán capaces de resistir el hielo y se les verá flotar sobre las morsas

o las ballenas

y entonces sí podemos todos dejar las habitaciones de preferencia tan limpias como nos fueron dadas

 

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nudo ciego

el amor es una cuerda

que, cuando afloja su fuerza,

puede liberar algo

 

has visto a esos caballos que están amarrados, sin nudo, sin nada

una cuerda sobrepuesta

se quedan quietos esperando al amo

su obediencia es voluntaria

porque la soga es una idea que une

de un lado a otro

una bestia a una persona

yo pasto en una enorme extensión de hierba

y arrastro la cuerda a la que pertenezco

 

 

desapego

lo que más me sorprende de mí misma

a estas alturas de edad, de ánimo, incluso de peso

es la capacidad que tengo por no encontrar interés

en la mayoría de las cosas

eso me ha permitido, en la medida de los posible,

estar al margen de discusiones y de pasiones temáticas

es más, me ha permitido

rescatar en la pereza

una belleza antigua un aire de triunfo robado

por algo que ya no existe

el dulce afán de contemplar sin que uno forme parte

la vida como un televisor gigante

y yo, desde la cocina, observo

candomblé

éramos cinco

llegamos demasiado temprano

nos dijeron mal la información

o así es como suceden las cosas

una reja una mujer negra vestida de blanco nos recibe

Podemos pasar

claro

y pasamos

lo primero que vi a la derecha fue una cabeza de gallo negro rodeado de plumas en un altar

collares

no me detuve mucho

y seguí al grupo

estaban cortando la carne para la ofrenda

olor de vísceras

un niño de unos dos tres años tenía un plato de mollejas con arroz blanco

todos nos miraban

negros vestidos de blanco turbantes trajes africanos

sudaban a mares

el aire estaba sofocante

pero había algo más que el calor mismo

respondían al saludo

pero no éramos bienvenidos

el guía entendió lo que yo entendí a los dos segundos de abrir la puerta

y pidió permiso y nos fuimos

alguien dijo Vuelvan al rato cuando la fiesta ya esté

era la fiesta para la deidad de los muertos

si uno no es católico puede entrar a las iglesias y admirar la arquitectura

la belleza de sus vírgenes, la filigrana de oro de los altares

los techos pintados

 

en esa casa hostil de la isla pude saber lo que la fe defiende

ese lazo invisible entre el mundo que uno toca

y todo lo otro

lo natural lo sucio lo que aun no se forma lo que aun no nace

 

saber escuchar

la isla habla

me dijeron

pongo la oreja en el suelo

Nada

me despierto puntual a las tres am

el único sonido es de los perros de la casa

poco antes de las cinco los pájaros y los micos conversan

la atmósfera tiene nubes de intensidades variables

a veces suben el volumen

otras conspiran en cuchicheos

¿me dicen algo?

no sé

entonces voy al agua

que hierve

el mar está dentro de una olla sobre una estufa invisible

los mosquitos zumban

con todo el deseo por la sangre

con todo el respeto por la sangre

con una ansiedad terrible

pues si vida es breve y hambrienta

nada es más vivo que esta franja de arena

caliente

hormigas, cangrejos, y ahora, encima de todo

una mujer extendida

que no sabe escuchar nada

 

 

todos los poemas se autodestruirán

todos los poemas de este libro se autodestruirán

no sé bien cuándo

si supiera, claro está,

me apuraría a dejar en claro

que no fui yo quien escribió todo esto

sólo dejaba descansar la cabeza

a lápiz alzado

 

quiero decir, sí, porque es necesario

que mientras escribía había en el mundo

muchachos negros caminando en la playa

a punto de tender una red para pescar

o jugando futbol

hablando a gritos musicales

que suenan a tambores

cantan a gritos

resuenan en la arena sus pasos

y en mi cabeza hay un timbal

antiguo

que dice cosas

 

comer de madrugada

muchas veces no sé si soy la misma persona

que despierta a las dos tres am y va a la cocina

a buscar las sobras del refrigerador

quiero decir, soy yo porque me dio hambre

pero no suelo ser tan yo porque no soy tan consciente de serlo

puedo tomar cualquier cosa, comer aprisa y volver a la cama como si nada

al día siguiente veo los platos sucios y compruebo que en efecto era yo quien hizo eso y no fue un sueño

la idea, sin embargo,

de comer sola en el fregadero o sentada en la mesa de la cocina sin saber bien a bien que hacía ahí

me reconforta

es como tener una aliada en la misma casa

que no lava platos

que no piensa demasiado en las tareas por hacer

vaya,  esa es incluso

más simpática que yo misma