Divorcio

Lo cierto es que tuve miedo de la belleza

No de lo otro

La belleza, ese cirio encendido por manos que se cierran

Dormíamos enteros

Creíamos en la eternidad, en los baños de sol, en hablar absolutamente todo, en desvestirnos, en el cine y en miles davis y en coltrane

Creíamos en los dientes

La belleza era un vaho de cierto frescor en el vidrio como a las cuatro am cuando no es noche pero es muy temprano para empezar el día

Pedía a Dios entonces que me salvara

De todo eso: lo que está en la rutina y en los hábitos de dos personas que viven juntas muchos años

Los esposos se vuelven hermanos

Y se miran de otro modo

Con un perdón en medio de todo

Porque ambos estuvimos en el mismo vientre

Durante exactamente el mismo periodo de tiempo

Dios respondió. Siempre lo hace

Y puso sobre mí sin que lo notaras una capa invisible de indiferencia

Nada podía volver a tocarme

Nada

Podía llegar entonces el agua

Y yo saldría encima como un corcho

De esos que usan para las botellas de vino

Flotando flotando flotando siempre

En un río sensacional

Sin emociones

Cortejo

Las mujeres deciden el todo

En la ecuación del cortejo

Miden la distancia, el tono,

Expertas en acercarse y alejarse

En mantener la calma

No asustarse y no asustar

Expertas en esperar

Ellos nunca saben qué los tomó del cuello y los puso en el plato

Tienen el tenedor arriba de la cabeza

Y aun en ese instante consideran que la libertad consiste

En reflexionar sobre el plato, la mesa y la mano de dios encima de todos los seres

Hacen elaboradas ecuaciones

Teorías

Se alocan como gallinas diciendo La libertad la libertad la libertad

Pero siempre hay un pero

El tenedor no conoce la piedad

Y cae ahhh cómo cae

Hay una belleza en el gesto suave

Del tenedor y la sangre y los bocados pequeños

 

 

 

bucólico

energía para remar un bote

¿dónde hay?

para ir en el agua de un lado a otro, transversal

el golpe de la madera el agua

el quejido de ese golpe como ningún otro golpe

cuerpo que cae

estas horas en medio de ninguna parte

hasta tener los brazos entumecidos

diríase muertos

fríos

entonces sí, detenernos a contemplar lo que hemos avanzado,

mirar a todas partes,

tomar conciencia

del cielo, del agua, de las orillas a lo lejos

si hay algo más o alguien más cerca de ahí

una garza, un pescador, un narcotraficante

una serpiente de agua

una rana

lo que sea

tomar conciencia de ese instante

en que estamos entumecidos

la frente escurriendo sudor del esfuerzo

el cuerpo tenso

a punto de saltar, digamos, al agua

o al interior del bote si hiciera falta

un golpe que cae

y el mundo sigue su ritmo lento

adormecido

porque nada ha sucedido realmente