el penúltimo viaje

en breve habré terminado del todo mi comienzo en la vejez

el cuerpo será otro

más suave, mucho más,

lánguido, como si decidiera tomar una siesta de piel y huesos

sé exactamente cómo seré

en lo que me convertiré:

las mejillas se pondrán flojas:

alguien invisible les sacará los melocotones que las sostenían erguidas

los ojos serán lo único que podrá ser reconocido

los senos seguirán siendo grandes pero estarán agotados en su peso:

soldados heridos en una guerra invisible

y absurda, sin historia alguna;

 

Decido que está bien:

nunca fue la belleza mi obsesión

entonces puedo ser también esta mujer

que olvida todo

que piensa todo

que siente nostalgia y llora con las canciones más burdas

porque llorar es fundamental en la nueva etapa

no hay viaje sin llanto

abandonamos tanto

abrazo a la celulitis, al sobrepeso,

la piel delicada que cae, hoja amarillenta

abrazo mi nuevo rostro

las arrugas

el cansancio fatal, definitivo

instalado como un auto en el garage

acumulando polvo

la vejez es algo que comienza un día de tantos

es bueno reconocerla

nunca llega de improviso

jamás

comienza por las orillas

secreta, delicada

se acomoda en un estuche de terciopelo

insecto leve

su ala me toca la pelusilla del brazo

me estremezco porque es el llamado

dejemos la belleza a los jóvenes

en ellos es una afrenta pero alguien tiene que sostener el mundo

los viejos estamos ocupados en no terminar de morir

aunque eso nos lleve menos tiempo y fuera, eso sí,

el viaje más amable, en primera clase,

ventana al mar,

escucharemos alguna canción de la infancia

la voz de la madre llamándonos a comer

 

por ahora soy yo, sólo yo, una mujer que deja de ser joven

y se quita de los hombros una prenda de plomo

un modo erguido que tensaba el cuerpo

y lo sostenía liso

ahora floto, ocupo este espacio que me corresponde

mi voz es cierta y atina

en el blanco: donde dice muerte

soy la flecha en movimiento.

 

 

 

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vivir el momento

si muriera ahora

si llegara una bala perdida a mi ventana, la atravesara y me tocara en el pecho

en su trayectoria definida

 

si muriera sin más

sin alcanzar a decir Alguien llame a Urgencias

alguien tire la comida del refrigerador

donaría mis plantas mis libros

a mis dos únicos amigos

lo demás se puede envolver en sábanas viejas y eso hará una buena hoguera

para los que viven abajo de los puentes

qué presuntuoso de mi parte, dirás,

que, justo antes de morir,

pienso en ser la heroína de un rato de calor para esos sin casa

si muriera hoy

pensaría quizá en que no tuve tiempo de amar el mar

el bosque u otro país

no salí del vecindario

amé en pequeño cosas pequeñas:

albóndigas de carne, salsa de tomate,

el atún de la lata fresca,

las galletas saladas

mi vida de anciana prematura la amé en verdad

sin saberlo

justo ahora que la bala llega a la ventana

puedo amar todo y a todos

justo ahora