western

tener ocho doce años

cuarenta y dos para ser precisos

da exactamente lo mismo

seremos la misma persona frente a otra persona

a la que podríamos llamar el otro

y lo miraremos concentrando en mirar

todo lo que hemos logrado a nuestra corta larga edad

diremos: Hola, como si ahí estuviera nuestra historia en letras chiquitas

a eso le podríamos llamar acto de entrega sin necesidad de armas

el otro, ajeno a lo que pasa al interior de la cabeza ajena

que es otro mundo

no sabe que ese Hola es bandera y ejército desplegado

estamos ese otro y yo haciendo uso de una estrategia milenaria

donde cuerpos pueden ser lanzados a una batalla

o dar la vuelta e irse por el camino donde llegaron

el camino de polvo y el cuerpo

subido en un caballo cansado

el ala del sombrero inclinado

afirmando hacia el hombro alguna cosa

en una conversación inaudible

pero real

un cuerpo que no deja rastro de sangre aun si los balazos

destrozaron la carne viva

aun así

se permanece y se llega al pueblo vecino

se tomará un whisky derecho en la barra

se mirará con ojos decididos a todos ahí

sin temor alguno

tomará el trago

y terminará la historia hecha de tierra y polvo

 

 

 

 

sed

vivir y crecer

son dos cosas separadas

es claro que todo lo que acontece

pasa de manera mística o invisible o religiosa o burocrática

mientras uno toma bebidas

frías calientes con hielo o leche o menta

bebidas para hidratar la memoria

no sólo de agua vive el hombre

o la mujer con piel delicada

en el bajo vientre las ganas de orinar

pienso en el futuro

litros enteros de cerveza o whisky de la vinatería cruzando la calle

vino a granel

no lo sabes

quizá este trago sea en verdad en verdad el último de la noche