la luz

cuando padre murió

aprendí a dejar las luces encendidas

de cada cuarto

aun si no fuera a entrar por horas

dejé de cuidar el dinero

y lo tiraba por ahí en objetos innecesarios

son tan bellos

justo esos

los que no sirven de nada

una alfombra de piel de conejo cuesta una fortuna

juegos de sábanas estampadas

toallas finas

porcelana azul y blanco, detalles dorados

cubiertos de acero inoxidable con mangos de madera:

una delicia

un frutero de cristal sólido

cosas

muchas cosas

llené la casa de cosas que nunca habría aprobado padre

tan austero

cerrado en gesto mitad asombro mitad rictus

de niño no aprendió a sonreir

decir gracias

no lo tocaron mucho, sus padres

su mayor gesticulación del amor

era poner su mano de basquetbolista en la cabeza

él creía que con eso decía todo

pero no

 

la casa es, pues, la más iluminada de la cuadra

se ve a lo lejos

como un rostro encendido de rubor

un sol naciente

un túnel de conexión en el aeropuerto

una sala de hospital vamos

donde nada puede ser colocado a oscuras

ni los cuerpos

ni los bisturís

ni esas madrecitas rezando en la sala de espera

 

en un hospital uno encuentra a Dios

en esas máquinas de café malo y triste pero hirviente

uno encuentra a Dios

en los dobles turnos de enfermeras alimentadas de carbohidratos y grasas

ay

hay granjas de cerdos mejor nutridas que ellas

sus ojos

necesitan toda la luz posible

y yo se las envío

desde la sala de mi casa

desde mi cocina

desde el cuarto solo al final del pasillo

desde todos los rincones con focos

les mando esta luz auténtica, luz de whats

de presencias amarilloblancuzcas

les mando esta luz con el amor invisible

de lo que no se dice

de los objetos

de las palabras

para llenar sus ojos a toda hora, día o noche,

en el mayor cansancio,

que tengan luz esas pobres mujeres

que reciben cuerpos destinados a morir

y ellas ahí, técnicas, limpias,

eficientes;

les mando esta luz de vida

luz artifcial

como el tiempo en que nos toca estar

dispuestos

mirando los objetos más dóciles e inútiles

mirando con la capacidad de ver

nunca es tarde para decir gracias

qué tiempo hace, ¿no cree?

deberíamos considerar mudarnos a otra parte

pero -sabe? uno es animal de pocos hábitos

y uno es animal fiel

una estampa pegada en el álbum de fotos

si nos despegan queda la marca añeja del adhesivo

donde estaba nuestro rostro

 

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biografía

 

era algo sobre mí

sobre mi abuela analfabeta

sobre mis tías gordas que no aspiraron nunca a nada más que casarse

tener hijos

aguantar lo que el destino les ponía enfrente

sin juzgar

no supe decir sí

al marido, a las órdenes,

a los hijos, joyas colgando del cuello

 

destino otro

no mejor

otro

en el pueblo no saben qué pensar

seca como yegua vieja, dijo un tío abuelo;

 

una mujer sola no vive mucho

aseguró alguien más

pero yo, yo vi qué pasa con ellas, las muy jóvenes

pariendo hijos, hijos, que son anclas

cuerpos informes de amor y  compromisos

corajes

horarios

mi madre era espiga tierna

y sólo obedeció

no supo nunca qué era ella, qué podía ser

dijo sí, sí, a todo

y la molieron a golpes

ella decía sí porque era normal

las mujeres aguantan todo

son fuertes

la raíz del mundo

se levantan con moretones y paren más hijos

cada hijo es un sí lleno de amor

y gratitud

porque los hombres son semilla y ellas son la tierra

hermosa tierra húmeda

dispuesta a abrirse al enemigo fecundo

 

mi madre se levantó con marcas en la cara,

puso agua en el pocillo para hacer café

se volvió hacia mí y dijo

“al menos ten uno hija, te arrepentirás luego, ya verás”

una didáctica extraña

yo, autista, permanecía en silencio

tomábamos el café sin hablar

mirando algo en la ventana

algo ficticio

algo lleno de verdad

pero invisible

como amar a Cristo, algo así

como cantar en la iglesia ese amor ferviente

con todo el cuerpo, con todo el amor que nos ha sido puesto dentro por alguien más

porque nuestro cuerpo, como todos los cuerpos, es una semilla obligada a crecer

y amar

porque el amor es fuerte y es raíz del mundo

y hay que decir sí

 

 

 

 

 

Alzheimer

sentada aquí

sin odiar a nadie

declaro:

no hay luz más deslumbrante que la de las 12:37 minutos del día

no hay manera de gritar en el mar, adentro de él quiero decir

que yo me parecía a mi padre antes

pero luego nos ganó la enfermedad donde olvidamos todo

y caminamos por horas sin saber quiénes somos

qué hacemos ahí

a qué nos habíamos dedicado para ganarnos la vida

 

todo sería muy triste pero no lo es:

no, no lo es

porque la tristeza es

tener 49 años y no recordar nada

nada

pero la enfermedad te da ventanas a tu propia vida

a tu propio rostro

aunque hay días que pasas frente a las vitrinas y te ves

y algo más dulce, más arcaico

te habita

y te llena desde el centro hacia afuera

pero tú no sales, permaneces

acaso inquieto

 

la escena que aparece es ésta:

tienes 3-4 años, tu padre te lleva de la mano,

nada puede pasarte

pero te sueltas y la gente alrededor tiene prisa

sabes entonces qué es estar solo

sin la mano que significa pertenencia

casa,

lenguaje,

papá;

lloras, sientes que el mundo se termina.

Pero tu padre te recupera en dos minutos y ves lo que él ve

ambos pueden saber qué significa vivir uno sin el otro

no es imposible ahora. No.

Te abraza. No podría pasarte nada.

No ahora que perdiste una casa, un lenguaje, y volviste a él

y fuiste el mismo de siempre

el amoroso

el abierto

el siempreahí

el fiel cordero de la iglesia

el sí

el niño limpio.

 

si te pierdes en la calle recuerda esto

la luz, la casa, el padre, la multitud, tú en medio de todo

diciendo Padre, he llegado, la mesa está puesta

no me olvido de ti, no me olvido de mí

Padre, la vida es esa cortina que dejamos entreabierta y la luz entró

y la luz inundó todo, como agua, padre,

y el agua nos llegó a las rodillas

a los codos, a los ojos

no podíamos respirar.

Olvidé cómo nadar Padre,

cómo decir alberca, regazo, sed, manos, temperatura,

me sumí en el agua que era la luz y la luz fue todo

fue espacio y forma

y otro idioma que no podía comprender

y yo fui otro y fui tú mismo, Padre,

el día que tomaste la última maleta y te fuiste de casa

yo comprendí:

hay que irse poco a poco para que los queridos no sufran la ausencia,

dijiste

y yo entendí Padre, como entiendo la luz ahora

como entiendo que somos estos

ahora

perdidos, extraños, ignorantes del idioma nuevo que se habla alrededor

Padre, tú y yo, horneamos pasteles para nadie

y son nuestras manos maestras de la masa madre

somos artistas Padre, artistas del pan y del azúcar

lo sabemos todo

pero ahora tenemos que habitar lo incomprensible

lo exagerado

lo iluminado de sobra

lo que se llena de agua como un balde

lo que se pierde

lo que se va por el suelo, el drenaje, la ciudad que nos rodea, el país,

las montañas,

el mar al fondo, el mar, el mar, el mar

que nos abraza y nos ama

sin que sepamos nadar

decir agua, sed, regazo, padre, mano, garganta, fiebre.

 

cosas que hierven

no tuve hijos

tampoco duré más de cuatro meses en un empleo;

cansancio por lo mecánico

justificaba.

lo de los hijos parecía algo así:

el acto de cuidar no es para todos

y hay que cuidar por mucho tiempo

aun si uno tiene hambre o sueño

hay que cuidar

 

me senté en la arena hirviente a mirar el mar

eso hice. eso hice mucho, mucho tiempo.

al caer la tarde llegaba a casa y listo,

tomaba un café hirviente

un sandwich plano

y miraba algo en la tele antes de dormir.

 

la vida pasa, me decían.

mientras sudaba a mares mirando el mar

agua que regresa ahí mismo

perdía peso mirando el mar

el calor es un hijo propio

 

las barcas de los pescadores están a unos 300 metros

de la orilla y ellos también contemplan el mar

esperan

y con esa espera llegará el alimento

 

días, noches, días, noches

hermosas y repetitivas

como rutinas de oficina

 

incluso hay sombras de ojos que asemejan el color del mar

o de una alberca

colores para labios como puestas de sol rojizas

eso lo saben las secretarias, aun las de nuevo ingreso:

traen un mar en la cara, una puesta de sol tímida:

sirenas sonrientes, conocedoras de atajos administrativos

sonríen, sonríen, mastican con la boca abierta

así, hasta que se jubilan,

y se irán a pasar su tiempo de abuelas

limpias de la cara

en casa, haciendo los complicados guisos que el trabajo no les permitía hacer;

 

miro el mar y él me mira de vuelta

podemos estar así horas

nos gustamos, nos caemos bien

no tenemos que hablar

sólo vernos

comprender que su cuerpo está ahí hecho de agua

justo, cierto, extenso, como el mío

y ambos hervimos, como agua para té,

a punto de hacer explotar la tapa de la olla.

 

ascenso

era buena en mi trabajo

era tan buena que un par de veces me ofrecieron un ascenso

pero por razones ajenas a mi desempeño nunca se logró

eso lo hubiera cambiado todo

porque los buenos en lo que hacemos

solemos ser gente sin piedad

¿de qué otro modo seríamos buenos?

entre eso, el dinero que descontaba hacienda del recibo en nómina

el cansancio natural y el cansancio inventado que no son lo mismo

y es uno el que gana justo antes de quedarnos dormidos en el transporte público

con olor a caño, cuerpo, ropa mal lavada

bien, al final, como suele pasar a los que somos demasiado buenos

nos roe un gusano de la desesperación.

en la reunión del anuncio del ascenso estaban todos

los jefes medios y los altos mandos,

la secretaria me felicitó,

tuve palmadas, sonrisas, bromas

pero las semanas pasaban y nada

meses y nada

un día reuní valor y me planté a mi jefe:

qué pasó con el ascenso? dije

este año no podrá ser.

eran principios de enero.

el árbol de navidad seguía en el pasillo,

la gente parecía descansada de sus vacaciones en familia,

quizá aliviada un poco de dejar sus casas por la seguridad

de la oficina;

yo seguí como si nada, impávida

frígida

suave.

Pero dos semanas después regresé a ese mismo sitio con una carta de renuncia

escrita como suelen ser esas cosas:

yo, fulana de tal, que ocupo el cargo tal, agradezco a usted, señor tal

haberme confiado tales tareas, con las cuales fui muy feliz pero ahora debo irme

a luchar por los niños en África,

el VIH, el cáncer de piel

a cuidar a mi madre enferma,

a seguir aprendiendo (ésa es una de mis favoritas)

agradezco la confianza depositada, y estoy de lo más agradecida de haber formado parte

de este gran proyecto

queda de Usted

blablablabla

era tan buena en lo que hacía que no podía regresar a algo menor que ese puesto,

sería algo por debajo de mí

y ese orgullo duro, seco, como un pedazo de desierto,

roca estéril

me ayudó a valorar mi bondad

mi resistencia

mi afán de lucha.

Debo decir que todo fue en vano. Haber sido demasiado buena

fue demasiado,

nunca más pude aceptar ser otra cosa

más tangible,

más lúdica, no sé,

más cerca de todos esos que sólo buscan un lugar para estar mucho, mucho tiempo

y jubilarse y recordar ese tiempo de oficina con nostalgia

esos 25-30 años de hacer lo mismo

con la multiplicación de sus actos

a cambio de un poco de dinero para vivir.