fiesta

El minotauro no fue invitado a la fiesta

es más, tampoco es que lo odiaran, sólo que a nadie se le ocurrió que

seguía vivo.

pero llegó, dejó su correcta botella de vino en manos del anfitrión,

fue directo a cambiar la música

y miró con ojos asesinos a quien se le ocurriera retarlo

que fue nadie.

se sentó en medio de la sala,

los invitados alzaron la ceja,

siguieron comiendo esos bocadillos de fiesta

y nada, nada cambió esa noche

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momento oportuno

No importa la hora en que llame tu madre

siempre será inoportuna,

he dejado la carne en la sartén,

estoy con un amigo

me estaba bañando y salí empapada a contestar

 

qué fortuna el amor materno

el hilo sangriento que une

una persona pegada a otra de por vida

sin importar la hora,

la ciudad

el cambio de horario,

llamará, llamará y tú pasmado

reconociendo el número

con el cuerpo escurriendo

atinas a decir,

discúlpame, te marco luego,

estoy a la mitad de algo

 

qué barato el amor del hijo:

uno es lanzado a vivir

pero no esperan que flotemos por inercia

hay que morder el hilo de sangre

hay que comer de vez en cuando esos márgenes de la cuerda,

manguera siniestra

hay que agradecer porque pudimos haber sido asfixiados

a los dos, tres años cuando por vivir hacíamos de todo: gritos, pataletas

y míranos ahora,

no queremos dar el crédito de la vida,

porque a final de cuentas ¿qué?

respiramos a mitad de algo, y cuando íbamos a ser felices

nos interrumpen