orden del día

Los hombres que quise se llevaron todo.

El dinero, los libros, lo que yo era.

Con la cuenta vacía, la casa vacía, los ojos vacíos.

Regresé y cerré la puerta.

No había modo de salir.

 

Grité por días pero no hubo nadie.

Me doblé del agotamiento.

El cielo cambió de color y ahí estaba yo

olvidando quién fui

recordando quién fui

todo a la vez en extrema confusión.

 

qué difíciles tiempos para ser una,

para hacerse, para contarse, para darse.

qué terribles días para sanar

y enfermar de nuevo

el ardor, la fiebre, la palabra dar.

 

 

había un muchacho en la piscina,

era hermoso. entraba al agua y el mundo quedaba suspendido

no podía dejar de verlo

puro músculo, piel tensa, casi podía tocarlo con los ojos

las perlas del agua lo cubrían

como un collar extra grande, perlas transparentes,

parecía que una mujer le había llorado encima

con lentitud y pereza, lánguidas lágrimas

y el tenía ese traje traslúcido que servía para no

hundirse.

él era agua bebiendo el agua de la piscina,

él era fuerza y yo, a dos carriles de él,

me sometía.

mis pies estaban pegados al azulejo

mis ojos querían amarlo

entrar en él

verlo dormir

pero recordé quién era yo

y noté quién era él

y mi casa vacía se hizo presente.

 

Yo era la casa sin muebles,

y él el lugar de la abundancia, las uvas, el pan, el queso, la miel,

nada quedó para mí,

pues los hombres que quise y quise mucho,

se llevaron todo,

mi casa sufrió un incendio. Yo soy las cenizas.

 

 

 

 

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