espacios para invadir

las hormigas son las únicas que merecen el nombre

de hijas de puta.

sé, por las tantas investigaciones, de su inteligencia suprema.

casi delfines, vamos

pero cada mañana en nuestro reencuentro

sucede que creo que son estúpidas.

 

maté a sus hermanas, hijas, sobrinas, la tarde anterior

y aparecen como si no supieran lo que va a suceder.

hormigas que renacen de la idea de ser hormigas

engañan a quien se deje convencer de su falsa humildad

hipocritonas

llegan como si no hubiéramos discutido a ciencia cierta

si mi vista fuera mejor

estoy segura que las vería sonreir

burlarse;

sus bailes donde caminan apresuradas en círculos

son la evidencia

de que saben vivir no sólo para el trabajo.

saben vivir el presente

hijas de puta, con los restos del pan

las semillas

hacen un banquete

y disfrutan de modo salvaje,

como si llegaran de África o de Etiopía y descargaran las maletas

señoras gordas buscando las pastelerías

los sobrinos para babearles el rostro;

entusiastas, ahítas, organizadas como un puto sindicato que funciona en serio

y es incorruptible. Se concentran,

saben lo que quieren,

se apoderan,

y viven por generaciones creyendo que este es el mejor lugar para vivir

en fila india

en las cornisas, en las hojas nuevas de los helechos,

todo es bueno y de calidad

los platos tienen restos,

aman los huesos de pollo;

las cerezas,

no discriminan.

Las vi beber whisky un día lluvioso.

Pero aman los climas húmedos y calurosos.

Hijas de puta son. Un lenguaje complícadisimo,

dividido en subespecies.

sus antenas son canales sofisticados de alerta y de invitaciones a banquetes.

Llevan meses ocupando la cocina y parte de la sala;

el baño no les interesa tanto.

Jamás en la recámara,

quizá no necesitan dormir, acurrucarse,

y no sé qué hacen en la noche.

Mañana estarán donde siempre,

aguardan, sonríen, esperan la foto del recuerdo

antes de romper el grupo y regresar a sus actividades.

Aquí no pasó nada, a seguir trabajando. Y por trabajo quieren decir comer mi comida

y cruzarse en mi camino y subirse a las cosas, y ser la hilera negra y constante de mi fregadero.

 

 

 

 

 

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acuarios

para serte honesta

nunca entendí por qué la gente ama nadar con delfines

se ven tan ridículos

[me pregunto si lo saben]

los acuarios son hermosos, dicen

animales puestos en una piscina:

ojos por todos lados

debe ser igual para esas cabinas de ducha

donde las chicas se desnudan en Ámsterdam:

el jabón hace espuma, y ellas juegan ese juego de mirar

y excitar las miradas.

el acto íntimo del baño: el agua vertical, ese acuario,

ellas tan hermosas, solas, pasan la esponja y quedan limpias,

tersas,

encapsuladas como delfines.

 

 

 

herencia

cuando paso por las vitrinas veo el mundo lejado y primitivo

del que proviene el tamaño del culo

una caravana de mujeres que llevaban agua en la cabeza

del río a la casa

a poner el agua en tinajas de barro;

no soy nueva aquí, me aseguro

mi cuerpo tiene una historia mucho más atrás que la mía,

sé tan poco sin embargo

de las pocas personas que me rodean

algunos sucesos sin gracia

sucesos de oficina

de viajes cortos

de hoteles en la playa

y yo echada pensando en nada y el ventilador en el techo con su trabajo inútil

empujando el aire caliente a todas partes;

sé tan poco

de lo que vine a hacer

que mejor miro las paredes, las grietas, la calle,

el balcón del departamento de enfrente

mis tías deberían haberme dicho más, de dónde venían,

qué buscaban

qué fue lo que hallaron

en esta tierra sin gracia

en la estamos -puestas como piedritas-

fijas, sin mostrar derrota al sol que todo puede.

 

 

cuerpo tirado

sin hacer ningún gesto

los labios juntos, cosidos por hilo invisible y duradero

los ojos abiertos, nuevos, de bebé de 3 meses

sin mover las manos

un estar tan quieto que pudieras estar muerto

piensas

lo que pensaste ayer

lo que dijiste

una nota en el refrigerador

un universo mascado a medias

piensas un sentimiento que viste

luminoso y fuerte

como esos focos que no ahorran energía: deslumbran

piensas cómo es sentir

en la piel

en los dientes

agua helada;

sentir fuego a quemarropa esas palabra que soltaste

que te regresaron a mansalva

sentir que sangras

y la piel es gruesa

pero sangras aún

era ella y no tú

o tú y no ella

que abrazaban con furia oxígeno

para decir nada comprensible

y herir con filo cierto donde más duele