playa

pido dos cervezas. porque hace calor.

un ceviche de camarón

y los totopos llegaron a la mesa.

letreros en la pared:

“se recibe el dólar a 16.00”

di un trago y miré alrededor.

los gringos rubios de todas las edades ahí, reunidos,

uno en muletas, niños,

viejos

mujeres

jóvenes guapos

puedo asegurar que el 80% pidió pescado a la plancha,

el resto ceviche.

y mala cerveza.

y guacamole

aman la mala cerveza y el gucamole. porque son gringos y las películas

hablan de  cerveza y el guacamole.

no piden sombreros charros porque no hay a la vista.

los turistas son tan predecibles como esa otra especie que surge de la necesidad: los guías de turistas,

malinches a la brava, justificando el amor por enseñar su país a los otros.

hoy, este guía le decía a la mujer asustada que le mostraba el brazo de su hijo rojo por el sol,

que le conseguiría él mismo la pomada.

la farmacia estaba enfrente. y la mujer confiaba la insolación a un extraño.

sólo porque sí.

cuando me fui, el lugar estaba casi vacío.

una marisquería es triste de noche,

¿dónde estarán esos blancos?

mañana inundarán las ruinas o las playas

o la tiendas, todo les da igual.

la experiencia es salir. decir dos palabras en español los hace sentirse

Cristóbal Colón.

estoy convencida, por cierto, que si hoy fuera ese día en que los barcos salieron de España a investigar las Indias, con los grados extras del calentamiento global,

ese Cristóbal Colón no hubiera convencido a la reina Isabel y no sale de su casa ni un carajo.

porque ahora, así como está el asunto, salir del hotel al restaurante y caminar 200 metros es una hazaña bárbara, más si estuvimos en la alberca y tomamos sol.

ya quisiera ver yo a estos blanquitos metidos en trajes metálicos, aguantando los moscos (que llegaron antes que toda vida en el mundo) y la malaria y el agua sucia,

estos blanquitos que preguntan ¿Y qué tipo de pescado es? como si supieran de pescados o

no sé,

sólo para no sentirse timados fuera de su país, y pagar lo que se pide.

qué triste es todo

los meseros al final se repartirán las propinas a partes iguales. se llevarán las sobras a casa.

y regresarán al día siguiente como si fuera el primer día de sus vidas.

 

 

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