comer fuera

un plato de alubias

el pollo en salsa

tortillas calientes.

Tres viejos en una mesa

y en las demás mujeres solas.

Comen en menos de 20 minutos

Amas de casa sin niños.

 

El arroz es color naranja y lo sirven en medio del plato como una montaña

buscan la poesía en lo humilde, estos cocineros;

ellas devoran sus platos

sonríen, pagan, caminan de prisa

con el estómago lleno hasta el último centímetro.

¿qué las espera después?

¿una casa húmeda?

tareas indeseables,

una cita por la tarde para el cine

o ver televisión con sus parejas.

No lo sé.

Se ven cansadas

y comen por inercia, sonríen por inercia,

alimentan los cuerpos que en breve serán bolsas de carne

y huesos,

pero nada de esto es triste, es natural.

alguna vez fueron objeto de deseo, quizá;

mordían la boca del amante con hambre auténtica

no como ahora, que comen sin deseo;

mordían la piel del otro

muriendo de ganas,

ardientes seres, quién sabe.

Se desplazan marchitas, llenas de agua dulce

y el menú del día,

entre la acera y el cielo alto

viven, sin haber pedido a nadie vivir.

 

 

Barrio

Nunca me topo a los vecinos que se van

O a los que llegan

No puedo asomarme discreta al camión

Analizar las pertenencias

O el modo de empacar

Me gustan las mudanzas a tal modo

Que deberían ser fiestas

Lugar de origen y de llegada

A dónde se van esos que parten

De dónde vienen los nuevos tan frescos y listos para un despegue

 

El barrio sigue igual con pérdidas y ganancias de habitantes

He notado algunas coqueterías con los tenderos. Las amas de casa practican en los saldos de comestibles

la seducción al esposo, la mirada oscura,

El deseo renovado.

Gatos en la calle

Niños

Perros

Gente

No hay parques cerca pero sí escuelas

Mercados

Fruterías

Tienditas cada 120 mts aprox

El de mi esquina se llama noé. Antes de llegar al mostrador hay que atravesar estantes rebasados de mercancías.

La esposa de noé estaba en tacones el otro día, reía con mujeres. Venían de una fiesta.

Me alegré por ella. Demasiado tiempo cobrando y haciendo pedidos. Es justo que se ría y se arregle el pelo.

 

Es justo para noé que cuida el barrio. Denuncia cualquier irregularidad.

Fui a hablar con él por las luminarias fundidas. No hacían nada en la delegación. Un mes me dijeron. Espere un mes.

Y noé resuelve, gestiona… la vida sigue. Su mujer en tacones. La vecina del 502 se fue hecha llanto. Sólo la vi al final. No vi sus cosas puestas en orden en el camión. No vi nada.

La vi llorar y dudé. Al final me acerqué. Pregunté. Respondió.

Todo siempre está bien. Carajo.

 

hormigas

no sé qué pensar de las hormigas

retiré de la superficie la fruta y el pan;

y siguen ahí, ejército que pone en jaque al fregadero, la cornisa,

la mesa de uso común.

No hay nada aquí, dije

Seguían, sin inmutarse.

Hormigas de mi vida, se acabó la miel

y todo alimento

Hormigas, no soy Dios pero aquí ya no hay nada

y siguen ahí.

Puse las noticias en la radio.

Cuando regresé del banco, ahí estaban,

esperándome, tomando el sol que entra por la ventana desnuda.

No se agotan, en su maratón diario,

sin premio, ni migas.

Siguen ahí.

ellas y yo. Contra mí. O no.

Aliadas invisibles de la vida diaria.

Entusiastas, si me pusiera a ver sus motivaciones.

Me canso. A cada minuto del día, me canso,

ellas ahí, como recién llegadas.

Brincan, saltan, esperan algo.

Yo no.

Entonces, tomé la decisión justa. Cerré el departamento con doble llave y me fui.

 

aviso

Hice algunos cambios en el estudio

saqué las plantas por si pasaba algo en el espacio

nada

las volví a meter, en desorden,

cambié el sofá

el escritorio,

y ahora veo a la calle.

Al departamento de enfrente lo pusieron en venta.

dos millones cien mil y tendré vecino nuevo.

Ese vecino mirará hacie el lado de la calle que yo no puedo ver.

Podría ir allá y compartir una visión más gloabal

puesto que yo cuido su espalda y él mi frente.

Pero desde mi sitio veo el espacio vacío

luz en capas, sin muebles,

un borrón en la vida de una persona es un departamento nuevo,

antes que llegue el camión de mudanza

y uno tropiece en las escaleras con la calidad del tocador,

el colchón blanco,

las almohadas,

la ropa envuelta,

los espejos.

Hombres bajan y suben todo el día.

Mudarse es aceptar que somos gente que cree en el futuro, lo acumulamos

lo envolvemos, aún esos objetos que sobran, que vamos a tirar en dos meses;

El futuro, esa calle de la que no podemos ver por completo, la cubre algo, un edificio, un negocio, un letrero que estorba.

3 recámaras, 94 metros, un baño, no hay elevador, vista panorámica, dos millones cien mil, calle tranquila. Eso dice el anuncio. Tiene dos semanas que la dueña lo mandó poner.

No se rinde la dueña, quiere lo mejor para su familia. Vender con plusvalía.

Si fuera honesta pediría menos. Porque las paredes están cuarteadas, y tendrán que llegar inquilinos jóvenes ante la falta de elevador.

Quizá la vista haga todo eso por ella. Logre el plus.

Se miran desde ahí las azoteas de los otros edificios en crecimiento.

Las casas viejas desaparecen. Cada una está contada, y tarde o temprano cada casa se venderá para hacer ahí condominios. Vivirán 40 personas donde vivía una sola vieja.

Y esas 40 personas tendrán nenes.

Y la vieja se irá a vivir a un departamento de 56 metros.

El futuro es una calle amplia y una máquina que demuele todo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Salmón

En la tele

desgarraban un salmón

rosa e inocente

su carne  hermosa lengua

lista para recibir la sal

luego, con mucha calma, se colgaba de un gancho como cualquier abrigo que se deja a la espera; recibiría el humo esa carne muerta.

Hermosa era. Su piel brillaba

y sus aletas  bien formadas;

sonreía -o era efecto del anzuelo-

no sabría decirlo

su piel abierta cuerpo abierto

zanahoria partida

manos abiertas

La chef lo mostraba feliz mirando a la cámara y a mí

y el salmón dejó de ser pez

y piel

y rosa

ya aderezado era alimento.

Algo del instanate. Podremos olvidarlo.

Se puede almacenar en frascos de vidrio y se conserva por meses,

concluye ella, con el tono de ciencia que certifica y asegura.